Entre la suba de combustibles y la precarización extrema, el ejército de trabajadores de apps —columna vertebral del voto joven libertario— empieza a ver cómo el costo de mantenimiento de su propia herramienta de trabajo demuele la ilusión de la “baja inflación”.
La narrativa oficial se sostiene sobre una premisa: la inflación está bajando. Sin embargo, para el micro-emprendedor forzado —aquel que Uber, Rappi o PedidosYa llaman “socio” pero que el mercado trata como variable de ajuste— la realidad tiene olor a nafta y sabor a tarifazo. El sistema de plataformas, que funcionó como válvula de escape ante la falta de empleo genuino, está llegando a un punto de saturación donde la oferta de trabajadores explota, pero la rentabilidad se evapora.
A continuación, los ejes de una crisis que amenaza con soltarle la mano al Gobierno desde su propia base:
1. La trampa de los costos fijos vs. el ingreso variable
El sistema de apps es una “máquina de picar carne” tecnológica. Mientras el Gobierno celebra índices de precios al consumidor a la baja, el trabajador de plataforma enfrenta una estructura de costos que no da tregua:
- Combustibles y Seguros: El aumento de las naftas y el mantenimiento vehicular corre por cuenta exclusiva del trabajador. Cuando el insumo básico sube por encima de lo que la app ajusta sus tarifas, el “socio” termina subsidiando el viaje del cliente con su propio capital.
- Amortización: No hay sistema que aguante cuando el trabajador debe usar el dinero del mantenimiento del auto para comprar comida. A largo plazo, se quedan sin herramienta de trabajo.
2. La Reforma Laboral y el “No-Salario”
La reforma laboral de Milei busca legalizar lo que las apps ya practicaban: la desvinculación total del Estado y las empresas de la seguridad social del trabajador.
- Sin aguinaldo, sin vacaciones y con la figura del “colaborador”, se ha creado una masa de trabajadores que “rascan para llegar al día 15”.
- Este sector, que fue el núcleo duro del voto castigo contra el sistema anterior, hoy se encuentra en un limbo: no son parte del sistema de salario efectivo y el mercado “libre” no les garantiza ni la subsistencia mínima.
3. La saturación de la oferta: Demasiadas manos para un plato vacío
Cuando el empleo formal cae, la gente se vuelca masivamente a las aplicaciones. Esto genera una explosión de la oferta de conductores y repartidores. En un mercado saturado, los algoritmos bajan el valor del trabajo. Uber no necesita sostener al trabajador; solo necesita que siempre haya alguien más desesperado dispuesto a tomar el viaje por menos dinero.
4. El divorcio con el relato oficial
El mensaje de “no hay inflación” choca de frente con el ticket de la estación de servicio y la factura de luz. Para el trabajador de a pie, la inflación no es un número del INDEC, es el poder de compra real de su jornada de 12 horas. Si el auto no se llena y la heladera está vacía, el idilio con el “León” se termina.
“El capital no tiene patria, pero el trabajador de app tiene un límite: su propio tanque de nafta. Cuando la libertad se traduce en el derecho a fundirse trabajando, el contrato social se rompe”.



