Por la Redacción de ADN21.net
En San Fernando, el aire ya no huele a caucho quemado ni resuena el fragor de las prensas. Hay un silencio espeso, interrumpido solo por las asambleas de los más de 900 trabajadores que permanecen dentro de la planta de Fate, custodiando lo único que les queda: sus puestos de trabajo. La última audiencia en la Secretaría de Trabajo fue un diálogo de sordos; un trámite burocrático que solo confirmó lo que el dueño del holding, Javier Madanes Quintanilla, ya decidió en sus oficinas: Fate, la histórica fabricante argentina, no vuelve a abrir sus puertas.
El factor Madanes: ¿Inviabilidad o cambio de piel?
Javier Madanes Quintanilla no es un empresario más. Es el dueño de una de las fortunas más grandes del país y timonel de Aluar. Su postura en este conflicto es gélida. Mientras la conciliación obligatoria ordena retrotraer todo al estado anterior —es decir, reabrir y producir—, la empresa se escuda en una supuesta “ocupación ilegal” para mantener las persianas bajas.
Para los trabajadores, el pedido de Madanes de desalojar la planta para “revisar las máquinas sin personal” es el paso previo al desguace. El mensaje empresarial es brutal: “Los fondos para las indemnizaciones están disponibles hoy mismo”. No hay oferta de continuidad, solo el cheque de despedida.
La industria argentina en el espejo de Fate
El caso de Fate es la síntesis perfecta del modelo económico 2026. Los datos son demoledores: las importaciones de neumáticos crecieron un 44,8% el año pasado. Mientras el puerto recibe contenedores con caucho extranjero, las fábricas locales se convierten en depósitos o museos de la era industrial.
Hoy, siete de cada diez máquinas de la industria del neumático en Argentina están paralizadas. La capacidad instalada cayó al 33,4%, un piso histórico que solo se vio cuando el mundo se detuvo por el COVID-19. Pero esta vez no es un virus, es un cambio de paradigma. Argentina está pasando de ser un país que transforma materia prima y genera empleo masivo, a uno que facilita la importación y apuesta a sectores extractivos o de energía que requieren apenas un puñado de operarios especializados.
El futuro: Litio por Neumáticos
Lo que termina de cerrar el círculo de la angustia para los 900 obreros es el proyecto que el grupo Aluar tiene para el predio de San Fernando. En el mismo lugar donde se fabricaban las tradicionales cubiertas radiales, Madanes planea instalar un sistema de almacenamiento con baterías de litio. Es la reconversión perfecta para el capital: un negocio moderno, vinculado a la exportación de energía y con una dotación de personal mínima comparada con la “pesada” estructura de una fábrica de neumáticos.
Mientras se espera la reunión del 4 de marzo, el horizonte es oscuro. Si Fate cierra definitivamente, no solo se pierden 900 empleos directos y miles de indirectos; se pierde un saber hacer industrial de 80 años. La pregunta que queda flotando en los portones de Virreyes es qué tipo de país queda cuando las fábricas se vuelven cementerios de fierros y los trabajadores, una variable de ajuste en un Excel financiero.
Análisis de Opinión: El certificado de defunción de la clase media industrial
El cierre de Fate no es un evento aislado; es un síntoma. Cuando una empresa con 80 años de historia, líder en tecnología y exportadora, dice que “ya no es viable”, lo que está diciendo es que la Argentina industrial ha dejado de ser una prioridad.
Madanes Quintanilla, con el pragmatismo que lo caracteriza, ya hizo su movimiento. Prefiere el negocio financiero y energético antes que lidiar con los costos de una planta de mil operarios en un mercado abierto. El problema es social: ¿A dónde van esos 900 trabajadores? En una economía que destruye puestos de calidad y los reemplaza por servicios precarizados, el cierre de Fate es el certificado de defunción para la clase media trabajadora de la zona norte. Si el Estado solo tiene un rol “pasivo”, como dice Capital Humano, el final de esta historia ya está escrito antes de la próxima audiencia.



