Muestra limitada y caos vehicular: La peatonalización de Concordia bajo la sombra de una planificación fallida
La Municipalidad de Concordia ha iniciado una prueba piloto para extender la peatonal hasta la calle 3 de Febrero, fundamentada en un relevamiento de solo 77 consultas para una población de casi 200.000 habitantes. La iniciativa, enmarcada en el programa de “Revitalización Urbana”, carece de un plan logístico integral que resuelva el crecimiento del parque automotor y la asfixia económica de los comercios locales ante las tarifas eléctricas y los alquileres.
I. Debilidad estadística y representatividad
El proyecto de “Centro Comercial a Cielo Abierto” se apoya en un sondeo realizado por el INVyTAM y Desarrollo Humano que alcanzó apenas a 77 personas, principalmente en la zona de intervención.
- Sesgo de la muestra: El 77% de aceptación reportado por el oficialismo proviene de un universo estadísticamente irrelevante para una ciudad con profundas desigualdades sociales y hábitos de consumo fragmentados.
- Falta de rigor técnico: No existen informes técnicos públicos que avalen cómo esa muestra representa a la ciudadanía en general o a los miles de usuarios que ingresan diariamente al centro desde barrios periféricos.
- Cuestionamiento ciudadano: “¿Con un relevamiento de 77 encuestados tomaron una decisión urbana semejante?”, cuestionan los vecinos, señalando la falta de estudios sobre el caos vehicular.
II. Deficiencia logística: El factor automotor
La intervención utiliza módulos reversibles (bancos y macetas), pero omite soluciones para un parque automotor que es cada vez mayor.
- Obstrucciones heredadas: Vecinos denuncian que los conos de la gestión anterior aún permanecen colocados, entorpeciendo la circulación esperada en lugar de ordenarla.
- Bicisendas y accidentes: Las bicisendas actuales han bloqueado carriles clave, reduciendo el espacio de maniobra para los vehículos y provocando un incremento en los accidentes de tránsito.
- Logística comercial: La peatonalización dificulta la carga y descarga de mercadería, generando costos operativos extra para comerciantes que ya enfrentan ventas bajas.
- Déficit de estacionamiento: No se han previsto playas de transferencia ni espacios de guardado adicionales para absorber los vehículos desplazados del microcentro.
III. El escenario económico: Pobreza y tarifas
La obra se ejecuta en una de las ciudades con mayores índices de pobreza estructural de Argentina.
- Asfixia por servicios: El sector comercial enfrenta boletas de energía eléctrica que figuran entre las más caras de la región, sumado a una caída del poder adquisitivo que el urbanismo táctico no resuelve.
- Riesgo inmobiliario: La revalorización estética de la zona suele disparar los precios de los alquileres, lo que podría derivar en el cierre de pequeñas pymes locales frente a la llegada de grandes franquicias.
- Sin dinero no hay consumo: Los ciudadanos advierten que con salarios congelados hace meses, la inversión en el centro parece ignorar la falta de liquidez en la calle.
IV. La voz del ciudadano: Prioridades y transparencia
Los testimonios recogidos en medios locales reflejan una desconexión crítica entre las obras del microcentro y las necesidades básicas de la población.
- Barrios olvidados: “Señores, caminen la ciudad: barrio Pancho Ramírez, La Colina, Constitución, Llamaradas… todos con falta de cloacas, iluminación, calles en mal estado y falta de agua”, denuncia Marisa.
- Emergencia hídrica: Mientras se embellece la peatonal, vecinos de distintos sectores reportan una “ínfima presión de agua”, un servicio vital no garantizado por el municipio.
- Dudas sobre el gasto: “¿Dónde está el llamado a licitación para adquirir todo el mobiliario? ¿Será compra directa?”, cuestiona Bernardo sobre la transparencia en la ejecución del presupuesto.
V. Conclusión técnica: ¿Maquillaje o planificación?
Para que un Centro Comercial a Cielo Abierto sea sostenible, debe ser un “combo integral” que incluya baños públicos, agenda cultural y previsibilidad de tránsito. Experiencias exitosas en ciudades como Medellín, Barcelona o Montevideo demuestran que estos espacios funcionan solo cuando combinan comercio con zonas claras de carga y descarga y una planificación pensada a largo plazo. Un ejemplo cercano es la Calle Techada de Capilla del Monte, donde la peatonalización se integró con espectáculos callejeros, arte urbano y servicios básicos garantizados, elementos que hoy están ausentes en la propuesta local.
Finalmente, Concordia enfrenta una paradoja política y económica: mientras el gobernador Rogelio Frigerio viaja a Estados Unidos para reunirse con fondos como BlackRock y PIMCO buscando generar “previsibilidad” y atraer inversiones para una provincia que intenta sanear sus cuentas, la gestión municipal genera incertidumbre local con intervenciones reversibles que no resuelven el caos de las bicisendas ni el flujo vehicular. Sin una planificación que garantice la seguridad vial y el acceso logístico, la extensión de la peatonal corre el riesgo de ser una acción puramente simbólica que termine por desplazar al pequeño comerciante en una ciudad que ya no tiene margen para el error administrativo.
La encrucijada de Azcué: ¿Prioridades reales o gestión de vidriera?
Ante este escenario, la pregunta que circula en los pasillos del municipio es qué decisión final tomará el intendente Francisco Azcué. Con una ciudad carente de recursos básicos —que van desde la falta de presión de agua hasta baches históricos en barrios como Pancho Ramírez o La Colina—, la gestión local se encuentra en una encrucijada de prioridades. El dilema es profundo: ¿seguirá el municipio apostando al “maquillaje” de un microcentro saturado de obstáculos vehiculares y basado en apenas 77 consultas, o redireccionará el gasto hacia la infraestructura crítica que el vecino exige en medio de una crisis de servicios y consumo sin precedentes?.



