Un informe elaborado por IES Consultores encendió las señales de alarma en el sistema financiero al revelar que la morosidad corporativa se multiplicó por cinco en poco tiempo y alcanzó su nivel más alto de los últimos años. Lejos de tratarse de un problema acotado a firmas marginales, el deterioro se transformó en un fenómeno generalizado y sistémico que afecta de lleno a empresas establecidas de todo tamaño, impulsado por la contracción del mercado interno y la caída abrupta en la generación de flujo de caja.
El estudio detalla que la proporción de deuda con atrasos superiores a noventa días trepó al 3,5%, mientras que el monto total de la mora creció siete veces en términos reales. Un dato lapidario es que el 84% de las obligaciones impagas corresponde a compañías que mantenían una calificación crediticia completamente normal hasta hace un año, registrándose una relación de casi siete firmas que caen en desgracia por cada una que logra salir del rojo. Los sectores más golpeados son el textil, papel, construcción, gastronomía y un consumo masivo que concentra casi un tercio de la deuda irregular. En paralelo, la problemática golpea con mayor intensidad a las entidades bancarias públicas y castiga con fuerza a las empresas jóvenes radicadas en el interior del país.
Puntos Claves
- Salto exponencial: La morosidad empresaria se multiplicó por cinco a nivel general, mientras que en el segmento de consumo masivo creció doce veces desde finales de 2024.
- Perfil de los afectados: Más de 41 mil empresas registran deudas irregulares y la franja más vulnerable está compuesta por firmas de entre seis y diez años de antigüedad, con balances frágiles frente al actual ciclo recesivo.
- Exposición financiera: Los bancos públicos concentran el 42,3% del volumen de deuda en mora, reflejando su rol central en el financiamiento de pymes y economías regionales.
- Impacto federal: El incremento de la morosidad superó el promedio nacional en quince provincias, con un arraigo particularmente intenso en el norte argentino y la región del Litoral.
Opinión de ADN21
La multiplicación de la morosidad corporativa expone con crudeza el límite de sostener una macroeconomía ordenada sobre los hombros de una economía real asfixiada por la falta de consumo interno. Cuando las empresas consolidadas dejan de generar el flujo de caja necesario para honrar compromisos básicos, el problema deja de ser financiero para convertirse en una falla estructural de la cadena de pagos. El desafío para las autoridades monetarias consistirá en evitar que este drenaje de liquidez en el tejido pyme termine por fracturar definitivamente el mercado de crédito justamente cuando más se necesita para traccionar la recuperación.



