En un encuentro hermético realizado en Merlo, un grupo de jefes comunales bonaerenses recibió al diputado nacional en una cumbre donde predominaron los llamados a la unidad opositora y los reclamos por la situación judicial de Cristina Fernández de Kirchner. Sin embargo, ante el pedido concreto de garantizar las habilitaciones para los mandatos comunales, el líder de La Cámpora evitó definiciones y prefirió gambetear la respuesta.
El cónclave, organizado por Gustavo Menéndez en el predio La Colonial, reunió a referentes distritales que buscan mantener una postura equidistante entre el sector alineado con Axel Kicillof y la estructura camporista. Durante la sobremesa, los intendentes plantearon la urgencia de despejar la incertidumbre electoral de cara al próximo año, poniendo sobre la mesa la discusión en torno a la continuidad de las reelecciones. Mientras puertas adentro se analizan los complejos equilibrios de poder frente a la conducción provincial y la indefinición sobre las reglas de juego comiciales, Máximo Kirchner optó por moderar su discurso interno y esquivar el compromiso sobre el futuro político de los jefes comunales.
Puntos Claves
- Cumbre en Merlo: El intendente local ofició de anfitrión en un asado reservado que congregó a la denominada Liga de Intendentes de la primera sección electoral.
- El reclamo por las reelecciones: Los jefes comunales exigieron definiciones sobre la habilitación de nuevos períodos de gobierno ante un escenario normativo todavía incierto.
- Silencio estratégico: Ante la demanda de los dirigentes territoriales, Máximo Kirchner evitó dar precisiones y tiró la pelota afuera, manteniendo la ambigüedad del espacio.
- Trama interna: La reunión expuso las tensiones subterráneas y los delicados armados de poder entre el kirchnerismo duro y el armado político que responde a la gobernación provincial.
Opinión de ADN21
Las urgencias territoriales de los intendentes chocan permanentemente con el tablero de ajedrez que la cúpula partidaria mueve en función de sus propias disputas de supervivencia y poder. Cuando las reglas electorales se estiran y se subordinan a especulaciones sectoriales, el costo lo pagan la previsibilidad institucional y la gestión de cercanía, dejando a los jefes comunales atrapados en un laberinto de negociaciones donde la rosca política siempre posterga las respuestas que la coyuntura demanda.



