Un informe elaborado por la consultora 1816 reveló que los niveles de irregularidad en el cumplimiento de los préstamos retomaron su tendencia alcista durante julio. Con un impacto cada vez más profundo en la economía doméstica, el estudio detalla que la morosidad en el segmento de los hogares se ubicó cerca del 13% en el sistema financiero tradicional, mientras que las financiaciones mediante tarjetas no bancarias y plataformas fintech treparon por encima del 33%.
El relevamiento expone un deterioro generalizado en las condiciones de pago que involucra a 20,8 millones de personas con deudas activas en el país, de las cuales 5,9 millones registran algún tipo de retraso. El informe aclara que el incremento en el índice de irregularidad —que pasó de 7,63% a 7,73% en el nivel general y de 12,77% a 12,94% en los préstamos a familias— responde fundamentalmente a una contracción en el saldo total de los créditos disponibles más que a una expansión abrupta de carteras incobrables. No obstante, el fenómeno desnuda una fuerte fragilidad en los ingresos de los sectores medios y bajos, donde deudas de montos reducidos se tornan impagables frente a salarios rezagados.
Puntos Claves
- Crecimiento de la irregularidad: Los atrasos superiores a 90 días en créditos destinados a hogares escalaron al 12,94% dentro de los bancos tradicionales.
- Brecha con el sector no financiero: Las entidades no bancarias, encabezadas por tarjetas y plataformas digitales como Mercado Pago y Tarjeta Naranja, registran tasas de mora que triplican a las del sistema formal, alcanzando el 33,7%.
- Universos de deudores: Un total de 5,9 millones de argentinos se encuentran en situación de mora, contabilizando 4,2 millones en el segmento no financiero y 3 millones en el bancario.
- Impacto social y político: Con montos promedio de deuda relativamente bajos frente a la mediana de ingresos, el informe advierte que la morosidad masiva constituye un problema de alta sensibilidad política de cara a los próximos meses.
Opinión de ADN21
Si bien la morosidad representa un porcentaje menor en términos del producto bruto interno, la dimensión social de tener a casi seis millones de personas con créditos irregulares evidencia una desconexión crítica entre la macroeconomía y la realidad de los hogares. El dilema entre sostener la estabilidad cambiaria o contener la volatilidad de las tasas de interés deja al desnudo que el costo del ajuste recae directamente sobre la capacidad de subsistencia y el consumo cotidiano de la población.



