Un informe reciente expone la extrema precarización que sufren los trabajadores de plataformas de reparto en el país. El cálculo detalla la descomunal cantidad de entregas diarias que se deben realizar simplemente para alcanzar los ingresos mínimos de subsistencia frente al ajuste y la inflación.
Un relevamiento difundido en las últimas horas desnuda la cruda realidad económica que atraviesan los repartidores de aplicaciones como PedidosYa y Rappi en la Argentina. A partir del análisis del Coeficiente de Alcance de Pedido Promedio (APP) elaborado por la Fundación Encuentro, se calculó que un trabajador percibe un promedio bruto de $3.165 por cada envío realizado. Bajo este panorama —y sin descontar los gastos operativos esenciales como nafta, mantenimiento del vehículo o telefonía móvil—, un repartidor necesita completar 111 pedidos mensuales para alcanzar el Salario Mínimo, Vital y Móvil de $367.800, y la cifra se disparar hasta los 453 pedidos para juntar los $1.531.473 necesarios para cubrir la Canasta Básica Total de una familia tipo medida por el INDEC.
Puntos Claves
- Ingresos de subsistencia: Con un valor bruto estimado en $3.165 por entrega, el margen de ganancia por cada viaje obliga a los repartidores a trabajar jornadas extenuantes.
- Brecha alarmante: Se requieren 453 pedidos al mes para sostener un hogar tipo, lo que representa un ritmo diario insostenible solo para mantenerse por encima de la línea de pobreza.
- Costos operativos invisibles: El cálculo parte de ingresos brutos, por lo que al restar el desgaste de la moto o bicicleta, los repuestos y el combustible, el saldo real se reduce drásticamente.
- Falta de derechos laborales: La actividad se desenvuelve en un marco de absoluta precarización, careciendo de aguinaldo, aportes previsionales, licencias por enfermedad o estabilidad garantizada por las corporaciones.
Opinión de ADN21
La masiva presencia de trabajadores en dos ruedas recorriendo las ciudades no es el reflejo de una supuesta “libertad de emprendedurismo”, sino el sintomático paisaje de la desesperación social en la Argentina de hoy. Mientras los gigantes tecnológicos multinacionales maximizan sus ganancias globales amparados en un modelo de desregulación y flexibilización extrema, los repartidores cargan sobre sus hombros con todo el riesgo físico y los costos de mantenimiento a cambio de migajas por envío. Exigir más de 450 entregas mensuales para no caer en la indigencia desnuda una maquinaria de precarización donde la miseria avanza sin freno, interpelando de lleno a un Estado ausente que abandona el trabajo humano a la ley de la selva del algoritmo.



