El impacto del nuevo índice: estiman que la inflación de agosto habría sido mayor de haberse aplicado la canasta actualizada

La inflación de agosto se ubicó en el 1,7% según los registros informados por el Indec, acumulando una suba del 21,3% en los primeros ocho meses del año y del 33,5% en la comparación interanual. Sin embargo, de haberse implementado el nuevo índice de precios basado en la Encuesta Nacional de Gastos de los Hogares (ENGHo) 2017/18 —cuya aplicación oficial fue postergada por el Gobierno tras la salida de Marco Lavagna—, la variación mensual habría alcanzado el 1,8%.

El relevamiento elaborado bajo la nueva metodología también habría modificado el acumulado anual, elevándolo al 22,6% frente al 21,3% oficial. El análisis detallado de las divisiones muestra que los precios regulados treparon un 2,2% por las actualizaciones en tarifas de servicios públicos y transporte, mientras que la inflación núcleo avanzó un 1,8% impulsada por alquileres y servicios culturales. En contraparte, los precios estacionales registraron una baja del 0,9% debido a las caídas en turismo y indumentaria, aunque el rubro de alimentos y bebidas no alcohólicas se mantuvo como el de mayor incidencia en todas las regiones del país.

Puntos Claves

  • Diferencia metodológica: La aplicación de la canasta actualizada habría arrojado una inflación mensual de 1,8% y un acumulado anual de 22,6% en los primeros ocho meses.
  • Presión de regulados y núcleo: Los precios regulados subieron un 2,2% por ajustes en gas, electricidad y transporte, en tanto que la inflación núcleo se ubicó en 1,8%.
  • Aporte estacional: Los rubros estacionales restaron presión al índice general con una baja del 0,9%, amortiguados por retrocesos en paquetes turísticos y ropa.
  • Perspectivas privadas: Consultoras y analistas proyectan que la desaceleración inflacionaria mantendrá un ritmo lento y sinuoso, oscilando en torno al piso del 1,5% y 2% de cara a septiembre.

Opinión de ADN21

La discusión en torno a la postergación del nuevo índice de precios pone de relieve la necesidad ineludible de contar con herramientas estadísticas plenamente transparentes y actualizadas que reflejen con fidelidad los hábitos de consumo de los hogares. Si bien la desaceleración inflacionaria constituye un alivio en un contexto de marcada contracción de la actividad económica, enmascarar o demorar la modernización metodológica solo alimenta dudas innecesarias en los mercados, restando certidez a un proceso de estabilización que requiere de sólidas bases técnicas y de absoluta confianza institucional.

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