A través del decreto 302, el Gobierno dispuso una actualización parcial del impuesto a los combustibles para mayo, postergando el grueso del gravamen para junio. La medida busca amortiguar el impacto de la crisis petrolera internacional, pero se traducirá en subas inmediatas en las naftas y el gasoil, presionando sobre la cadena logística.
El delicado ajedrez de los surtidores
La actualización de los precios en las estaciones de servicio se ha convertido en un delicado juego de relojería para el Gobierno nacional. Ante el violento salto del 25 por ciento registrado en marzo —impulsado directamente por el encarecimiento del barril de petróleo a raíz del conflicto bélico en Medio Oriente—, el oficialismo debió abandonar la ortodoxia del libre mercado para abrazar el pragmatismo del gradualismo impositivo.
El decreto 302, publicado este jueves en el Boletín Oficial, es la muestra clara de esta estrategia de contención. Al aplicar apenas un 0,5 por ciento de incremento en el tributo para el quinto mes del año, el Ejecutivo patea el impacto mayor para junio, escudándose en la necesidad de “continuar estimulando el crecimiento de la economía a través de un sendero fiscal sostenible”. Es un intento por domar la inflación a fuerza de absorber, desde las cuentas públicas, una parte del shock global.
Sin embargo, en la economía diaria del transporte y la logística no existen los aumentos inocuos. Desde este 1° de mayo, el litro de nafta sufrirá un recargo en los surtidores de aproximadamente 11 pesos, mientras que el gasoil subirá unos 9 pesos. A este escenario de “ajuste en cuotas” se le suma un acuerdo de contención temporal con YPF y el resto de las petroleras privadas, que decidieron no trasladar a las pizarras la presión de los precios internacionales hasta mediados de mes.
La jugada oficial logra, por ahora, aliviar la estadística de inflación a corto plazo y evitar un estallido en el humor social de la clase media motorizada y el sector transportista. No obstante, mantiene intacta la espada de Damocles: la geopolítica y el mercado energético internacional siguen marcando el pulso de la matriz productiva argentina, y los aumentos postergados de hoy serán, inevitablemente, los costos de fletes de mañana.
Puntos Claves: El impacto en el surtidor
- El decreto: El Gobierno oficializó una suba del 0,5 por ciento del impuesto a los combustibles para mayo, postergando la mayor carga tributaria para el primero de junio.
- Impacto en el bolsillo: Como consecuencia directa, desde este viernes la nafta sube aproximadamente 11 pesos por litro y el gasoil unos 9 pesos por litro en todo el país.
- El factor geopolítico: La decisión de fraccionar el impuesto busca amortiguar la escalada de precios internacionales del petróleo, fuertemente sacudidos por la guerra en Medio Oriente y el rediseño de las rutas energéticas.
- Tregua petrolera: YPF y las demás compañías del sector acordaron absorber temporalmente la presión internacional y recién trasladarían ese impacto a las estaciones de servicio a mediados de mayo.
- La amenaza logística: Aunque el objetivo del Gobierno es “estimular el crecimiento”, la constante actualización de los combustibles (y en especial del gasoil) amenaza con trasladarse directamente a los costos de logística, presionando sobre los precios de los alimentos y bienes básicos.



