Por la Redacción de ADN21
En el marco de su gira por España, el gobernador bonaerense combinó una agenda de presidenciable con extrema cautela interna. Mientras líderes internacionales lo ungen como el futuro líder de la Argentina, él advierte que forzar una postulación hoy dinamitaría a la oposición y ratificó su rol como el principal escudo contra el ajuste de Javier Milei.
El doble juego entre la proyección global y el pantano interno
Axel Kicillof aterrizó en Europa con un traje a medida: el del principal líder de la oposición argentina frente a la administración libertaria. Invitado como orador a la cumbre del foro Movilización Progresista Global en Barcelona, el gobernador de la provincia de Buenos Aires mantuvo encuentros de altísimo perfil con figuras como el presidente colombiano Gustavo Petro, el exmandatario chileno Gabriel Boric y la ministra española Yolanda Díaz. Sin embargo, el contraste entre su proyección internacional y la cruda realidad del peronismo marcó el pulso de su gira.
Consultado sobre su inminente carrera hacia 2027, Kicillof decidió pisar el freno. “No voy a forzar una candidatura y provocar una ruptura total del peronismo”, sentenció, dejando en claro que el principal desafío actual es reconstruir un espacio político atravesado por disputas e internas feroces. Pese a que mandatarios como Petro ya lo bendicen públicamente en sus redes sociales afirmando que “será presidente de la Argentina”, Kicillof eligió el pragmatismo de la gestión frente a la rosca electoral: “Hoy soy gobernador, que es mucho más que ser candidato”.
Desde el atril europeo, no ahorró munición gruesa contra la Casa Rosada. Calificó el modelo económico de Javier Milei como “un fracaso” y “un desastre” que destruye el aparato productivo, los salarios y la justicia social, y criticó duramente el alineamiento geopolítico que involucra a la Argentina en conflictos bélicos ajenos. En ese escenario, reivindicó el rol de los gobernadores e intendentes como la última red de contención para sostener la vida cotidiana de un pueblo asfixiado por el ajuste.
El síndrome del heredero natural frente a un peronismo en llamas
Axel Kicillof camina sobre un campo minado. Su gira por España expone la paradoja más grande que enfrenta hoy el peronismo: tienen un candidato natural que no puede declararse como tal sin hacer volar su propio partido por los aires. Las declaraciones del gobernador en Barcelona no son un acto de humildad política, sino de extrema supervivencia táctica.
El peronismo está huérfano de conducción y sumido en una interna caníbal, donde el kicillofismo y La Cámpora se miden las fuerzas en cada rincón del conurbano bonaerense. Forzar una candidatura hoy, a tres años de las presidenciales y en la víspera de unas legislativas que prometen ser una carnicería, sería apretar el botón rojo de la ruptura. Kicillof sabe que si da el paso al frente de manera anticipada, se convierte automáticamente en el blanco de los misiles, no solo del aparato libertario, sino del fuego amigo que se resiste a cederle la lapicera.
Por eso, su estrategia es la diplomacia del “escudo”. Mostrarse como el administrador de la resistencia, el gobernador que ataja los golpes del ajuste de Milei entregando alimentos y recursos, mientras deja que mandatarios internacionales como Petro hagan el trabajo sucio de ungirlo públicamente. Kicillof está construyendo su traje presidencial en el exterior porque, puertas adentro, el peronismo todavía no le permite probárselo.
El gran interrogante es cuánto tiempo más podrá sostener esta ambigüedad antes de que la presión de las urnas y la urgencia de la crisis lo obliguen a cruzar el Rubicón.
Puntos Claves: Las definiciones desde Europa
- Freno a la interna: Kicillof fue tajante respecto a su futuro electoral para no detonar el armado opositor. “No voy a forzar una candidatura y provocar una ruptura total del peronismo”, aseguró, bajándole el tono a las especulaciones.
- El “desliz” de Petro: El presidente de Colombia dinamitó la cautela del gobernador al publicar en sus redes un respaldo explícito: “Será presidente de la Argentina para sacarla de su colapso”. Kicillof se desmarcó rápidamente asegurando que no habían hablado de eso.
- Diagnóstico lapidario: Frente a alcaldes y líderes mundiales, el mandatario bonaerense tildó a la gestión de La Libertad Avanza de “desastre” y “fracaso”, acusando a Milei de destruir el aparato productivo, la salud y la educación.
- El rol de la trinchera: Posicionó a las gestiones locales (gobernaciones e intendencias) como la primera línea de defensa frente al Estado nacional, asumiendo el rol de “escudo” y “red” para garantizar recursos básicos y remedios a la población.
- Rechazo a la política exterior: Kicillof se hizo eco del repudio internacional al alineamiento automático de Milei con Estados Unidos e Israel, destacando que el camino del país “no es el de la guerra, no es el de la crueldad y no es el de abandono”.



