El senador radical instó al Poder Ejecutivo a desplazar al jefe de Gabinete, advirtiendo que su continuidad genera parálisis parlamentaria, desconfianza en los inversores y un desgaste ético que traiciona la promesa de lucha contra la corrupción.
El senador nacional de la UCR, Maximiliano Abad, elevó el tono de las críticas contra Manuel Adorni, asegurando que la situación del funcionario ha alcanzado un límite insostenible. Ante la próxima sesión del 25 de junio, donde se debatirán proyectos de interpelación y una posible moción de censura, el legislador bonaerense enfatizó que el Gobierno “tiene que tomar cartas en el asunto” para evitar mayores perjuicios institucionales. Según Abad, la falta de explicaciones claras sobre su patrimonio no solo inhabilita a Adorni para gestionar la administración pública, sino que también actúa como un lastre que impide al oficialismo concentrarse en los temas críticos de la agenda nacional.
Puntos Claves
- Daño político y social: El senador argumentó que la permanencia de Adorni erosiona la base electoral que votó al Gobierno con la promesa de terminar con la corrupción.
- Inestabilidad externa: Abad advirtió que las inconsistencias patrimoniales generan incertidumbre y desconfianza en los mercados e inversores extranjeros, en un momento donde el país requiere ofrecer orden.
- Parálisis legislativa: El conflicto ha generado una tensión innecesaria con gobernadores y senadores, provocando que el Senado se encuentre paralizado y sin poder avanzar en temas de relevancia.
- Incapacidad de gestión: El radical fue tajante al señalar que “quien no puede explicar su propia situación económica no puede explicar la administración del país”.
- Aislamiento del funcionario: Según el legislador, existe una postura mayoritaria —compartida por la oposición, periodistas y sectores internos del Gobierno— que considera que el jefe de Gabinete debe abandonar su cargo.
Opinión
Las declaraciones de Maximiliano Abad reflejan la creciente incomodidad de un radicalismo que, aun con voluntad de diálogo, se ve arrastrado por la desprolijidad ética del oficialismo. La tesis de Abad es certera: los conflictos que hoy frenan al Gobierno no son producto de una conspiración externa, sino “autogenerados”. Al mantener a Adorni, Milei está sacrificando su propio capital político y la posibilidad de sancionar leyes clave en el Senado solo para sostener una figura que se ha vuelto un pasivo insoportable. Si el oficialismo no comprende que la “vuelta de página” que pide el radicalismo es, en realidad, el único camino para recuperar su capacidad de gobierno, terminará convirtiendo esta crisis en un obstáculo definitivo para su propia gestión.



