George Russell volvió a saborear el triunfo en la Fórmula 1. Siete grandes premios después de estrenar el casillero de victorias de 2026 en Australia, el piloto británico completó un fin de semana impecable para conquistar el Gran Premio de Austria, tras resistir el embate final de Max Verstappen y Kimi Antonelli.
Arrancando desde la pole position, Russell gestionó a la perfección cada fase de la carrera. Sin embargo, el triunfo que parecía encaminado hacia un final cómodo terminó siendo mucho más sufrido de lo esperado, debiendo contener el asedio en las últimas vueltas de sus perseguidores, quienes lograron recortar distancia con neumáticos mucho más frescos.
El inicio y la batalla de los campeones
Russell cimentó su victoria en los primeros metros al defender la punta en la largada. Justo detrás, la Scuderia Ferrari comenzaba a complicarse: Charles Leclerc intentó atacar en la curva 3, se pasó de frenada y Lewis Hamilton aprovechó el hueco para ejecutar un adelantamiento espectacular sobre su propio compañero entre las curvas 4 y 5. Esta pelea interna le permitió al líder de Mercedes abrir un colchón de tiempo que terminó siendo decisivo.
Mientras tanto, Max Verstappen iniciaba una furiosa remontada tras su despiste en la clasificación del sábado. El neerlandés superó rápidamente a Leclerc y a Antonelli para colocarse en posición de podio, protagonizando además un intenso duelo con Hamilton que revivió la tensión de su recordada batalla de 2021. Tras un primer intercambio donde el británico recuperó la posición tras ir rueda a rueda, el tetracampeón del mundo devolvió el golpe vueltas más tarde, encontrando un hueco casi imposible en la curva 5 para superar definitivamente al Ferrari y lanzarse a la caza de la victoria.
Por detrás, el joven Antonelli ejecutó una estrategia diferente que le rindió frutos, superando a un Leclerc desdibujado para asegurar el tercer escalón del podio y sellar el gran domingo de Mercedes.
La pesadilla de la Scuderia
Si Mercedes fue la gran sonrisa del domingo, Ferrari fue la gran decepción. Después de ilusionar el sábado y colocar a sus dos autos entre los tres primeros de la grilla, el ritmo de carrera del SF-26 desapareció. La alta degradación de neumáticos castigó con dureza a los monoplazas de Maranello, condicionando y arruinando sus estrategias.
Hamilton logró salvar la ropa cruzando la meta en la quinta posición, pero Leclerc vivió una verdadera pesadilla. Sin ritmo, sin confianza y siendo superado con extrema facilidad, el monegasco cayó desde la primera fila de partida hasta un opaco octavo puesto, incapaz de defenderse incluso de autos con compuestos más desgastados.
Jornada negra para los hispanohablantes y Cadillac
En la parte baja de la tabla, Fernando Alonso vivió otra carrera de mera supervivencia a bordo de su Aston Martin. Sin ritmo para pelear más allá de evitar el fondo, el asturiano finalizó 18º, cerrando el clasificador de los pilotos que vieron la bandera a cuadros. Fue el cierre de un fin de semana para el olvido en Silverstone, marcado por los constantes experimentos estratégicos y el abandono por problemas de fiabilidad de Lance Stroll.
Tampoco hubo recompensa para Carlos Sainz. El madrileño de Williams, que venía sufriendo con las características del FW48 en el trazado austriaco, se vio obligado a abandonar por un problema eléctrico en plena recta principal cuando rodaba en la zona media.
Finalmente, el equipo Cadillac encendió fuertes alarmas de fiabilidad luego de sufrir los prematuros abandonos del mexicano Sergio Pérez y de Valtteri Bottas, tras detectarse fuego en ambos monoplazas durante las primeras vueltas de la competencia.



