Los niveles de irregularidad crediticia se dispararon tanto en la banca tradicional como en el sector no bancario. Los usuarios excluidos del sistema formal que dependen de créditos digitales sufren un severo sobreendeudamiento impulsado por tasas de interés usurarias.
Los indicadores de mora familiar experimentaron un fuerte incremento desde fines de 2025, situando el ratio de irregularidad por encima del 12% en el sistema bancario y superando el 30% en los Proveedores No Financieros de Crédito (PNFC) hacia mayo de 2026. Si bien los créditos no bancarios —que incluyen a las fintech, mutuales y emisoras no bancarias— representan una porción menor del stock total, su impacto social es masivo al asistir a unos 12,5 millones de personas. El problema recae con mayor dureza sobre los denominados “deudores exclusivos” de PNFC, un universo de casi 5 millones de personas sin ingresos formales que no logran calificar en la banca tradicional y recurren a aplicaciones con requisitos mínimos pero costos exorbitantes, como Costos Financieros Totales (CFT) cercanos al 719%. Esto genera un círculo vicioso de sobreendeudamiento, imposibilidad de refinanciación y atrasos críticos que ya afecta a casi 6 millones de personas en todo el sistema financiero amplio.
Puntos Claves
- Aumento de la irregularidad: Los ratios de mora treparon fuertemente en comparación con el año anterior, ubicándose en más del 12% para bancos y superando el 30% para los PNFC.
- Golpe a los sectores informales: Casi la mitad (48,3%) de las personas que operan exclusivamente con fintech y prestamistas no bancarios registran atrasos superiores a los 90 días.
- Asfixia por tasas: Las líneas de crédito digital de desembolso inmediato aplican costos financieros anuales drásticamente superiores al de la banca formal, volviendo las deudas impagables.
- Exclusión y vulnerabilidad: Unos 6 millones de deudores se encuentran en situación irregular en el sistema financiero ampliado, evidenciando una urgencia regulatoria y de asistencia que trasciende a los bancos tradicionales.
Opinión de ADN21
El vertiginoso crecimiento de la mora en el sector no bancario es el síntoma más evidente de una economía en recesión donde las familias utilizan el crédito digital no como una herramienta de inversión, sino como un parche desesperado para subsistir ante la caída de ingresos. Las fintech han cumplido un rol en la inclusión financiera al fondear a sectores informalizados que la banca tradicional expulsó, pero la contracara de esa facilidad de acceso es una usura legalizada con tasas de más del 700% anual que tritura cualquier posibilidad de pago. Cuando casi la mitad de los usuarios exclusivos de estos canales acumulan meses de atraso, el problema deja de ser un asunto de riesgo crediticio individual para transformarse en una bomba de tiempo social y sistémica que el Banco Central no puede seguir ignorando bajo la lógica del libre mercado.



