El desembarco de Santilli: el nuevo eje de poder y la estrategia electoral libertaria

 Tras la caída de Manuel Adorni, el nuevo jefe de Gabinete asume con el control del Ministerio del Interior y una misión clave: negociar con los gobernadores la eliminación de las PASO y asegurar el andamiaje electoral hacia 2027.

El Gobierno ha oficializado el nombramiento de Diego Santilli como nuevo jefe de Gabinete, marcando un cambio de rumbo tras la traumática salida de Manuel Adorni. Con el Ministerio del Interior bajo su órbita y un rol definido como vocero y coordinador de gestión, Santilli llega con el objetivo de profesionalizar la administración y pacificar la interna entre Karina Milei y Santiago Caputo. En paralelo, el Ejecutivo ha activado un pragmático plan electoral que busca resucitar las “listas colectoras” como moneda de cambio para obtener el apoyo de los gobernadores provinciales y lograr la eliminación de las elecciones primarias (PASO).

Puntos Claves

  • Reconfiguración del Gabinete: Santilli absorbe Interior, mientras Karina Milei consolida su poder al tomar el control directo de la Secretaría de Medios, despojando a la Jefatura de Gabinete de dicha área.
  • Nueva estrategia electoral: Ante la imposibilidad de conseguir votos en el Senado para eliminar las PASO, el Gobierno propone a los gobernadores aliados habilitar colectoras en octubre a cambio de apoyo legislativo.
  • Gestión del “pragmatismo”: El nuevo jefe de Gabinete buscará “encauzar la gestión” mediante un seguimiento estricto de resultados, un rol que ya ejerció durante su paso por el Gobierno de la Ciudad.
  • Equilibrio interno: Santilli se presenta como un facilitador que reporta a Karina Milei pero mantiene vínculos con Santiago Caputo, intentando evitar quedar atrapado en el fuego cruzado del ala dura libertaria.
  • La salida de Adorni: La abrupta renuncia del ex vocero, motivada por causas judiciales y el riesgo de ser destituido por el Congreso, cierra un ciclo de tres meses de crisis que amenazaba la estabilidad del plan económico.

Opinión

La designación de Diego Santilli no es solo un reemplazo de nombres; es el reconocimiento tardío por parte del oficialismo de que, para gobernar, se necesita más que retórica y lealtad incondicional. Después de un periodo de desgaste marcado por los escándalos de Adorni —cuya gestión parece haber tenido más interés en la “billetera fría” que en la administración del Estado—, la llegada de un dirigente con “respeto del sistema político” indica que los Milei han entendido que la supervivencia exige profesionalismo.

Sin embargo, el pragmatismo que ahora guía al Gobierno tiene un precio: la vuelta de las colectoras es un retroceso institucional que desnuda la fragilidad parlamentaria de La Libertad Avanza. Si el precio de la reelección de Milei es entregar el diseño electoral a los mismos gobernadores que el discurso libertario juró combatir, estamos ante el nacimiento de un oficialismo que, para salvar su proyecto, ha decidido mimetizarse con las prácticas más antiguas de la “vieja política”. Santilli tiene la pericia para gambetear la interna, pero el verdadero desafío será ver si puede mantener su perfil de gestor en un gobierno donde, al final del día, la única que capitanea es Karina.

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